La conciencia emocional en los niños

Written by on 7 marzo, 2020

Por Raysa López

La conciencia emocional es el mejor vehículo para el cambio en nuestra vida. O sea, que tenemos que ser conscientes de lo que nos provoca sentimientos frustrantes y negativos o positivos y placenteros para encontrar aquellas maneras de fomentarlos, comprenderlos y controlarlos. A menudo, los niños buscan la aprobación de sus padres para sentirse queridos y aceptados. La cuestión es enseñarles a regular esa necesidad para que poco a poco vayan siendo más autónomos e independientes.

El problema es cuando esta necesidad se vuelve demasiado intensa y perdura con el paso de los años, ya que se puede crear una especie de dependencia hacia la aprobación de los demás para actuar. Las emociones desempeñan un papel determinante a la hora de convertir a un niño en un adulto feliz y exitoso. Sin embargo, si el desarrollo emocional de un niño se desvía, sufrirá como consecuencia una gran variedad de problemas personales y sociales a lo largo de su vida…

En este caso criaremos niños vulnerables en lugar de niños fuertes. Pero la verdad es que ser responsable de la educación emocional de los niños no es una tarea fácil. O sea, hacer entender a un niño que los sentimientos tienen tantas tonalidades como los colores aunque no las vean es algo cuanto menos complicado. Si logramos esto, conseguiremos que los niños (y futuros adultos) sean capaces de tener sentimientos sobre sus propios sentimientos, es decir, serán niños fuertes.

Esto, a pesar de que suena redundante, es importante a la hora de ser hábiles comunicadores emocionales y, por lo tanto, fortalecer nuestro yo interno y social. Así, si bien podemos aprender el lenguaje de las emociones durante toda nuestra vida, son las personas que lo hablan desde la juventud quienes se expresan con más claridad y, por lo tanto, se muestran más competentes emocional y socialmente hablando, lo que les abre puertas hacia el éxito vital y la consecución de sus anhelos. No debemos olvidar uno de los elementos más potentes que tienen los padres para fortalecer la autoestima de sus hijos: el lenguaje. La forma que tenemos de dirigirnos a ellos determina parte del vínculo que construimos.

En cada una de las interacciones que tenemos con los niños, de algún modo estamos reflejando nuestra identidad. Por ello, resulta tan importante prestar atención a las palabras y el tono de voz que utilizamos cuando nos dirigimos a ellos. Lo fundamental es que utilicemos un lenguaje positivo y sincero que fomente su autoestima.  Por lo tanto, queda totalmente justificada la “obligación” moral que todos tenemos de cultivar este aspecto vital en nuestros niños, pues solo criando niños fuertes, evitaremos tener que reparar a tantos adultos rotos por la soledad, la desconfianza y el desamor hacia sí mismos y hacia la sociedad.

“Es más fácil criar niños fuertes que reparar adultos rotos” 

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